Si hay una tradición, el arreo es una de ellas.


Una costumbre ancestral se vivencia en la localidad, Ruta de los Arreos. Por algo el reconocimiento a esta noble profesión en el ingreso a Las Lajas. Lugar en el que se detiene un arreo  para hacer noche y descansar el piño, los cargueros y hasta el mismo arriero. Nada como mencionar ello en el Día de la Tradición.

Para el criancero una sacrificada costumbre, para el turista una sorpresa grata que invita al recuerdo, una filmación o una foto del momento, para el vecino una habitual travesía que se observa todos  los años.

Y es que son fechas en que desde la invernada a la veranada a la cordillera en busca de buenas pasturas, se trasladan los crianceros con lo que este año sus chivas pudieron parir, además de las vacas y yeguarizos que hacen punta sobre el camino avanzando hacia el destino esperado.

Muchos son los vecinos que practican la llamada Trashumancia, Patrimonio Cultural  Intangible de Las Lajas, aún quedan los que pueden vivir de la producción caprina, bovina y ovina en otros casos. Venidos de del este o acaso del sureste, muchos son los dueños con familiares y peones del momento que se le animan al desafío anual, al camino, al clima que a veces acompaña y otras es un martirio, la cuestión es llegar, con sol, viento, lluvia, calor o frio, llegar es lo convenido.

Aunque es cierto que algunos lo hacen tierra adentro donde solo se conoce la marca de herradura, la pezuña de vaca o la rueda de carreta, otros enfrentan al mayor desafío que  tienen en la ruta, hoy ya con mayor cantidad de vehículos, de todos los tamaños y modelos, familiares, de pasajeros y de carga, y de ellos están los que con paciencia esperan el paso del piño y aprovechan para el saludo cordial con el criancero, hasta se animan a una breve charla de cómo va el camino y otros la clásica pregunta: “… ¿tendrá alguno para vender amigo?…”.

Muchos son los que se congregan en Las Lajas, muchos nombres, muchos apodos, muchos apellidos. Nombrarlos tal vez incurriría en olvidar algunos, pero se sabe que muchos que han seguido la tarea de sus abuelos padres y continúan con la herencia y aceptaron su destino.

En estas paradas habituales de Las Lajas, Liu Cuyin, un poco más arriba también, la venta de chivitos es normal. Más de uno paga el precio que vale, porque lo vale, sobre todo cuando para el criancero ha sido un año de dificultad, (falta de agua, de pasturas, de una manito amiga) entonces a la hora de vender sin excederse en el precio se puede degustar un chivito de la zona.

Ya son tiempos de fiesta, de días soleados,  noches templadas, de noche buena y navidad, de año nuevo, en fin… cualquier fiesta es buena para un chivito al asador, al horno, o como fuere, no solo es la oportunidad de comer unas buenas costillitas, siempre es bueno juntarse con amigos y familia.

Mientras tanto hacia la Cordillera El Criancero va.. y allá la historia del sacrificio será otra.

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